sábado, octubre 14, 2006

Ayuda al compañero alcohólico (I)

Tras las aventuras de los compañeros en casas solariegas repletas de magia y monstruos extraños y fogosos (por fuego, no por amor ardiente), una nueva historia se abre paso.
Estando tranquilamente tomándose unas cañas en la taberna, aparece un niño (hummm, demasiado pelo para un niño, demasiado grande para un cerbatillo), que ofrece una carta a nuestros amigos. Ésta está lacrada con el sello de un colega del clérigo. Ante las preguntas del enano y monje, éste confiesa que se trata de un miembro de su congregación (que además comparte con éste su pasado alcohólico, sedientos de grog allá por dónde iban, cualesquiera que fueran las circunstancias).
Con ansias fanáticas de saber, el clérigo lee en voz alta la misiva. Se trata de Fredegar (su nombre sobrio, ya veremos que tras unas cervezas su nombre pasó a ser Fregar, Frodo e incluso surgió el de "ese capullo borracho homosexual").
Éste pide ayuda a su amigo, y compañeros Attacheados, para resolver un enigma que le trae por la calle de la amargura; todos los hombre de su aldea (aldea sin nombre todavía) se fueron a por oro y no queda ningún ser humano con mucho pelo en la aldea.
Bien!! dijo el clérigo, mujeres solas.
Bien!! dijo el enano...oroooo
Bien!! dijo el monje, hombress...esto, nono, clérigos...errr, olvidadlo.

Allá vamos dijeron al unísono. No perdamos más tiempo. Cuando se pusieron en camino se dieron cuenta de algo... por dónde narices se va al sitio ese...no se lo hemos preguntado el crio....mierda la Sole, endebé. Volvamos a la taberna a preguntar.

Tras unas pesquisas reanudaron su camino. Cada aventurero fue con su petate lleno de viandas (y de oro de otras aventuras el del enano barrigón). El clérigo renovó su lista de conjuros, para incluir el de Luz, que hace que cualquier objeto tenga luz permanente.

- Y sobre qué objeto la aplicarás -dijo el monje intrigado.
- Sobre algo que no nos impida movimientos de ataque....tus huevos serán perfectos.

De este modo, los huevos del monje serían los que brillaran con luz propia a su debido momento (los comentarios subsiguientes de fibra óptica y demás me los reservo).

Tras un día de camino llegaron a una posada. Carros en la entrada. A descansar. Tras entrar en la taberna vieron a unos tipos con malas pintas sentados en una mesa, y mercaderes por todo el garito.

No logran sacar nada de información así que marcharon a dormir. En la misma habitación montan guardia y comienza la noche. El monje hizo la primera guardia. Tras unas horas de calma aparente escuha unos pasos tras la puerta, se acercan y se alejan rápidamente. Teniendo en cuenta que la habitación es la última del pasillo sospechan y abren la puerta. El monje tira para escuchar y tras pifia se le cae la oreja al suelo.

Maldita ortopedia. Mierda de 3 en 1.

El clérigo va tras el tipo que se tambalea de un lado para otro y trata de recabar información. Parece que el buen señor está borracho y ni siente ni padece. Es uno de los señores (por no llamarles hijos de loba hambrienta con fiebres tifoideas) con malas pintas que vieron a la entrada a la posada. Le dejamos ir y volvemos a la habitación.

Tras otros momentos de calma se oyen golpes en la puerta. Es el compañero del borracho de blablabla tifoideablabla de antes. Dice que su compañero está tirado en la cama muy enfermito y que el clérigo puede curarle. Vamos allá. En la habitación entran el enano y el clérigo, con el monje en la puerta haciendo guardia.

Ven al "borracho" (hijo de padre con whisky en el cuerpo y madre perra de las llanuras) en la cama. El clérigo tira por sanar y así lo hace. Pero en ese momento se escucha un ruido en la habitación. Del armario sale un tío (por fin se decide) y el borracho se deja de pantomimas y se levanta de un salto listo para la lucha. De este modo comienza la pelea en la habitación.

Para comenzar, el clérigo convoca una abeja gigante celestial, que hay que joderse con el nombrecito, y se pone muy contento porque es el primer conjuro de verdad que realiza. Ésta lanza picotazos pero como si nada. Mientras tanto la pelea continúa entre los demás compañeros y sus enemigos. El enano acaba con el suyo sin ningún problema, el clérigo hace lo propio con el suyo (primera muerte del torpe semielfo) y el otro enemigo escapa de un salto por la ventana. El clérigo le lanza un hechizo de orden imperiosa (tírate al suelo) y la abeja va a por él, los demás saltan por la ventana y le acribillan. Bien.

Con el escándalo aparece el posadero, que les da las gracias por deshacerse de los malajes, y les invita a desayunar al día siguiente. Maravillosa actuación conjunta de nuestros amigos.

Pero volvamos atrás a la pelea para admirar las dotes del enano. En mitad de la pelea, el enano barrigón poco sumador, quita 11+9, y se suma 23. Dios, qué maravilla de suma. La pelea cesa para admirar a esta promesa de las ciencias y futuro nobel de química (de matemáticas nada, pero en cuanto se estudie la composición de su cerebro, seguro que se descubre algún nuevo tipo de proteina o vitamina o algo raro que causa esta disfución en las sumas).

Tras desayunar (gratis) continúan su viaje. Ven el desfiladero del que les habían hablado en la posada y observan que un reciente desprendimiento ha cortado la calzada. El enano y el monje hechan mano de sus habilidades para superar el obstáculo y ayudan el clérigo a hacer lo propio.

Tras una noche al raso llegan al poblado y ven el templo de la orden de Ehlonna. Entran y ven a un sorprendentemente sobrio Fredegar. Tras una charla y comida gratis les cuenta que el pueblo está sin hombres desde que un viejo pellejo vino con mucho oro de las montañas diciendo que había más. Hay que ir por ellos y traerlos al pueblo para que cuiden a sus mujeres e hijos medio muertos de hambre.

Se dan cuenta de que este hombre no es el que fue en la época universitaria, y que sus borracheras han hecho estragos en su, por otro lado, feo cuerpo. Ahora no nos extraña que el más ligón del grupo fuera el semielfo, no había competencia.

Su espalda curvada, su cachaba, su cojera evidente...parece un viejales. Nos cuenta que tuvo una pelea con dos osos lechuza (que tiene huevos llamar así a un oso feo. Podríamos llamarles osos calamar, osos raros o raros raros, o algo).

Entonces tras el amanecer saldremos a por ellos - dijo el monje.

Y así fue. A la mañana y tras reponer fuerzas y hechizos salieron a la montaña. Las tiradas de supervivencia del monje fueron imprescindibles para no perderse por la montaña.

Y llegaron al punto álgido de la tarde. Una cabaña abandonada. El monje utiliza su "modo sigiloso" (se ejecutó con /s) pero se le olvidó quitarse las latas que tenía colgadas desde la despedida de soltero de su hermano pequeño. Con estos mimbres es normal que todo saliera como tenía que salir. Y lo que tenía que salir era un pedazo de oso del tamaño de la catedral de Burgos.

Se impone un segundo para realizar un plan. Se alejan un poco de la cabaña y el semielfo lanza un conjuro de Enmarañamiento. Del suelo surjen hierbajos y raices que se enreda a todo lo que pilla en un radio de 8' a la redonda. Esto hace que el oso se desplace muyyy despacito. Nuestros amigos aprovechan para lanzar flechazos de lejos. El oso es herido varias veces, hasta que logra deshacerse de la maraña y llega al enano. De un golpe le quita la mitad de la vida y se queda con los dientes sonando a retirada.

Noooo, dice el semielfo y le lanza un hechizo de cura, que le restaura la vida, además de otro de 'Piel robliza' que hace que el enano sea ahora 'Enano 2.0' con piel mejorada para una mejor defensa. Éste aprovecha para pegarle un zambombazo que le quita 27 de vida. Jodó, qué golpe. Buen trabajo en equipo. El problema es que otro oso hace su entrada en el escenario de batalla.

Este oso se queda enganchado en la maraña que el semielfo había invocado y logran acabar con él en un titá. Con otra exibición matemática sin parangón alguno en el mundo científico, el enano suma como un maestro. No sé por qué es él quien lleva el bote. Hay que avisar a sus amigos, para que los días de fiesta no sea él quien pague en los bares. Veis jovencitos lo que sucede cuando no haceis todos los problemas del cuadernillo rubio??? Ya sabeis lo que sereis de mayores (enanos y barrigones).

Pero volvamos al fragor de la batalla anterior. Cuando apareció en escena el segundo oso, el monje sacó su primer 20!!! Aleluyaaaaaaa. Tira y...confirma....pues este parece su día de suerte. 3 dados de 8.
Lanza el primero y ..... 1!! nooooooo
Lanza el segundo y ..... 1!! OTRA VEZ NOOOOOOO
Lanza el tercero y ..... 1!! juá juá juá. Vaya crítico más cutre...risas generalizadas. Al enano se le cae la barba de reirse y el oso se rompe una uña al tratar de levantarse del suelo tras retorcerse de la risa. Desde lejos el oso le dice al monje: "Dile a tu abuela que no haces daño"

Dios, vaya momentazo.

En ese momento el enano tira por daño y procede a hacer la suma: 11 + algo = algo....qué capacidad, qué nivel, qué estado mental debe tener para decir estas cosas.

Poco después le toca otra suma, 11+9=23. No es posible, la calculadora humana ataca de nuevo. Vaya partida de despropósitos.

Entre sus hachazos consta uno con 27 de daño. De momento parece el record histórico de la compañía.

Tras realizar un estofado rico rico con los osos, aderezarlos con perejil y darse un banquete espectacular observan un objeto que brilla en el suelo. ¿Qué es eso?
- Parece un anillo - dice el enano.
- ¿Y qué hace? - dicen clérigo y monje a coro
- Me lo pongo y lo vemos - espeta el enano barrigón y posible señor de los anillos.

- Y bien??
- Nada, no noto nada raro. No siento absolutamente nada fuera de lo normal. Aunque ya sabeis que después de mi operación de varices y fimosis estoy bastante insensible.

No ve lejos, no escucha mejor, aparentemente no tiene ningún valor. Vaya anillo cutre. El clérigo certifica que el anillo tiene magia pero no es capaz de descubrir qué tipo de magia es.

- Tengo una idea -dice el monje- Quizá es un anillo de defensa. Voy a darle un puñetazo a ver si se defiende.

Tras la sorpresa inicial del master y demás compañeros, el monje lanza el ataque.... 20!!! Vaya, vaya, vaya. Tira para confirmar y .... 19!!! Confirmando crítico, como en los buenos tiempos. 12 de vida menos. El enano se tambalea y el monje se muere de la vergüenza. Parece que el anillo tampoco es de defensa. OOOOOOO.

Tras las carcajadas generalizadas el clérigo cura a nuestro amigo barrigón, el cual procede a darle a él el anillo al grito de - Para que me zurren prefiero que lo lleve el clérigo.

Y así se hace. El grupo completo con el clérigo y su flamante anillo de amatista se dirigen montaña arriba. Observan una serie de cabañas y sacan las armas. Parece que son los hombres del pueblo y...se asustan!! Cómo es posible que se asusten de unos tipos que van a por ellos con armas en las manos y cara de mala leche mataosos?? Ahhh, ya, debe ser que parecemos violentos.

Sorprendentemente los hombres van al semielfo como si le conocieran de toda la vida y le invitan a un Txakolí con denominación de origen. Al resto de compañeros les hacen moving. Qué raro...debe ser el anillo...

Los hombres les cuentan que han desaparecido varias docenas de ellos los últimos días. Nuestros héroes piensan que el viejo que trajo el oro al pueblo puede tener algo que ver, pero es algo que hasta dentro de al menos 3 semanas no se podrá saber.

Así acaba la apasionante historia de la búsqueda de oro, con críticos que no son tanto, con pifias que si lo son, con puñetazos entre amigos, y con sumatorios que sin calc.exe no son lo mismo. Lo dicho, en tres semanas continuaremos el relato.

martes, octubre 10, 2006

El Robo del Ganado (Final) y La Casa de la Magia


El sol empezaba a acercarse al horizonte y el cansancio de la dura batalla con el ogro invadía los músculos de nuestro grupo de intrépidos aventureros, a saber, el semielfo clérigo, el mediano pícaro, el enano guerrero y el elfo monje. Así que buscaron un lugar donde pasar la noche. Tras una noche tranquila, decidieron continuar su camino en busca del molino y su peligroso habitante.

Al cruzar un recodo del bosque, vieron al fin lo que estaban buscando. El molino estaba viejo y descuidado, sin techo. Por la parte superior salía un humo que traía un delicioso olor a carne asada, lo que hizo rugir las tripas del clérigo y casi le hace olvidar el motivo de estar allí. Poner fin a la desaparición del ganado.

Deciden empezar con el plan de batalla. El enano intenta acercase a la puerta principal del molino sigilosamente, el clérigo y el monje enfrente de la puerta con los arcos preparados y el pícaro se sitúa en una de las esquinas del molino para dispararle por la espalda en cuanto salga. En teoría era un buen plan, pero... El enano se cayo cuando se disponía a abrir la puerta principal, de tal forma, que su rostro chocó contra la puerta provocando un fuerte ruido. Este ruido despertó al ogro que se encontraba dentro del molino. Decidido a acabar con quien le había despertado, el ogro montó en cólera dando una patada a la puerta del molino. La puerta golpeó al enano, que continuaba al otro lado. Al ver salir al ogro, el pícaro decidió esconderse, pero no se le ocurrió otra cosa mejor que taparse con una rama de un árbol cercano. Pero el ogro había oído el gemido de dolor del responsable de su despertar, y ahora solo le interesaba acabar con él. “Ya acabaré después con ese mediano” pensó el ogro. El ogro cruzó la esquina y allí se encontró cara a cara con el enano, le golpeó. El enano no se acobardó y le asestó un hachazo. Todo esto dio tiempo al resto de miembros del grupo para que se acercarán a la pelea para ayudar al enano. El mediano rompió su arco mientras disparaba al ogro. El clérigo, tras un intento fallido, utilizó su poder divino para ordenar al ogro que se tirase al suelo. Lo que aprovecharon para abalanzarse sobre el ogro, y con un golpe certero del pícaro con su maza, acabar con él.

Tras comer la carne asada que tenía el ogro y coger el poco botín que disponía dentro del molino, visita al segundo piso con retrete incluido, nuestro grupo de aventureros deciden volver al pueblo para recibir la bien merecida paga. En este viaje de vuelta se encuentran con una cara conocida, la elfa barda. Pero no venía sola. Le acompañaban un elfo explorador de unas tierras lejanas y un semiorco bárbaro, igual de fuerte que feo. Tras las debidas presentaciones, se unieron a nuestro grupo de aventureros. En el camino de vuelta volvieron a pasar por el desfiladero, y esta vez todos pasaron sin ningún problema, incluido el clérigo. Y mientras continuaban andando, el mediano le pidió al clérigo que le arreglase el arco roto durante la batalla con el ogro. Éste, muy cordialmente, lo arregló dejándolo un poco chapucilla pero funcionaba igualmente.

La noche llegó y decidieron montar campamento. Tras un descanso para algunos, y un poco menos para los que tuvieron que hacer guardia, decidieron continuar con su viaje de vuelta. Pero se vio interrumpido a media mañana por un orco que se cruzó en su camino. El orco decía que eran sus tierras y que si querían pasar tendrían que pagar. Decidieron pasar de él y continuar, pero el orco llamó a sus compinches que se colocaron para el combate. Dos a cada lado en alto, y dos más tras el orco que estaba delante de ellos. El precio que pedía el orco era de cien piezas de oro cada uno, desorbitado. Por un momento pasó la idea por la cabeza de atacar a los orcos, incluso ya se estaba preparando un plan, hasta que la elfa barda dio un paso al frente con intención de evitar la batalla. La elfa les convenció para que si les dejan pasar les diría un sitio donde conseguir comida. Esta idea a los orcos les gustó y aceptaron el trato. La elfa les dio las señas para llegar hasta el molino sin dificultad. Tras el incidente con los orcos el día pasó tranquilo hasta que llegó la noche.

Al amanecer, cuando el mediano estaba haciendo el turno de guardia, aparecieron unos ojos entre los matorrales de uno de los lados. Despertó al grupo entero y se dieron cuenta que al otro lado también había ojos observándolos. Se prepararon en caso de ataque. Y el ataque llegó en forma de flecha dirigida al monje que desvió con destreza. Se decidieron a atacar a sus enemigos, dos grupos de kobolds. Se dividieron en dos grupos para hacerles mejor frente. Durante el combate, más largo de lo esperado, el mediano rompió su arco y casi acaban con él. El semiorco, en un arranque de furia, se le escapó su hacha al ir a dar un golpe y la envió lejos. La barda, viendo las dificultades que pasaba la otra parte del grupo, decidió dejar de apoyar con su arco al enano y al monje y ayudar a sus otros compañeros. El explorador fue el primero en demostrar como acabar con ellos, al alcanzar a un enemigo con un flechazo certero. El monje no hacía más que lanzar puñetazos que impactaban a su enemigo. Tras acabar con la mayoría de los enemigos, tuvo lugar la pelea más rara que ha ocurrido hasta el momento. El enano se acercó a un kobold arquero. El kobold atacó al enano con su arco y falló pero milagrosamente, como si un archimago hubiera retrasado el tiempo, el kobold volvió a atacar impactando sobre el enano lo que le hizo enfurecer y asestarle un hachazo que acabó con el kobold (Nota: Tras confusión del master, atacó antes de lo que debía y falló. Y cuando le tocaba, dijo “ya he tirado y he fallado”. Pero Iker, el enano, que es un bocas dijo que no, que tirase otra vez, que total no le iba a dar. Tiró el master y sacó un ¡¡20!! Descojono general menos, por supuesto, Iker. Todos esperando la tirada de confirmación y...... ¡¡uyy!! Falló. Pero el daño no se lo quitaba nadie. Qué risas). Solo quedaba un kobold que poco duró. El enano acabó con cuatro, el semiorco con tres, el clérigo, el mediano y el explorador uno cada uno.

Tras esta pelea, el explorador y la elfa abandonaron el grupo para resolver quehaceres propios de la raza élfica. Los que quedaban siguieron con su camino tranquilamente hasta que apareció un puente. El mismo puente que dejo medio derruido el clérigo en el viaje de ida. El mediano pasó sin ningún problema lo mismo que el bárbaro y el enano, pero llegó el turno al clérigo y otra vez hizo de las suyas. Al pasar se tropezó, y cayó al agua, destrozando todavía un poco más el puente. El clérigo tenía una cuerda atada que sujetaba el enano, pero no conseguía subirle, así que el bárbaro se disponía a ayudarle. Pero cuando le iba a ayudar se tropezó empujando al enano, que tuvo que soltar la cuerda para no caer al río. El clérigo intentó nadar pero la corriente era fuerte y le llevaba río abajo. Entonces apareció el mediano que, rápidamente, cogió una cuerda y se la lanzó al clérigo. Éste la agarró para que el bárbaro, en un arranque de furia, le subió de un fuerte tirón. El tirón fue tan fuerte que le lanzó contra un árbol cercano, su quejido se pudo escuchar en buena parte del bosque. Mientras, el monje seguía al otro lado del río viendo la escena. Se ató una cuerda que lanzó al enano y éste la sujetó en un árbol. Al pasar el monje se tropezó, debido al mal estado en que el clérigo había dejado el puente, y también se cayó al agua. Pero con un destreza espléndida, consiguió subir por la cuerda. Viendo la situación, el pícaro decidió irse, no sea que él acabase en el río la próxima vez.

Ante este último adiós, continuaron hasta el pueblo. Al llegar al pueblo se presentaron ante el alguacil, que les comunicó que se presentasen en la taberna “el cerdo verde”. Allí, había un banquete preparado en honor de nuestros héroes, pues la noticia de que habían encontrado el motivo de la desaparición del ganado y que acabaron con el culpable llegó al pueblo antes que ellos. Mientras disfrutan del banquete, el enano oye algo sobre una casa de magos en la que ocurren cosas extrañas últimamente. Al monje le entró una mosca en el oído mientras intentaba oír algo más sobre el tema, así que viendo que de esa forma no podrían conseguir nada, el enano decidió acercarse a beber con ellos. Los hombres resultaron ser mejores bebedores de lo que se esperaba, y en un acto de generosidad o de borrachera, el enano les decidió invitar. Con el estómago lleno del banquete y la saca rebosante de dinero, el enano menos que la de los demás, decidieron partir a la casa de los magos.

Al llegar allí se encontraron con que la casa tenía la puerta abierta y parecía estar en una completa tranquilidad. Al clérigo le pareció muy extraño esa tranquilidad, así que usó su poder divino para detectar la magia en la habitación. Y, efectivamente, el atizador que estaba en el fuego, el libro sobre el atril y un cordón de una de las cortinas tenían vida. Ante el miedo por ser atacado por uno de estos “peligrosos” objetos, decidieron ir a la habitación de enfrente con el mayor de los cuidados.

Al entrar vieron un hombre medio desangrado atado en la cama y un diablillo que estaba destrozando los libros que se encontraban al fondo de la habitación. Se acercaban sigilosamente sin que el diablo se enterase, hasta que el monje, en un acto de rebeldía dice él o de torpeza dicen los demás, golpeó una mesa tirando la vajilla que se encontraba encima de ella. El diablillo se giró, vio a los “invitados”, sonrió y desapareció. Para evitar que se escapase, el enano se colocó delante de la puerta y los demás se pusieron en posición para atacarle en cuanto apareciese. El diablillo apareció delante del monje atacándole con su aguijón, éste lo más que pudo hacer fue recibir el golpe y aguantar el veneno. Los demás ya sabían donde estaba el diablillo y se dirigieron para acabar con él. Poco tiempo le duró la sonrisa al bicho rojo, pues murió poco después gracias a un hachazo del bárbaro. El clérigo curó parte de las heridas del moribundo y éste les comunicó que un par de magos enemigos de su mujer, una maga muy poderosa, enviaron un golem para acabar con ellos y él había conseguido encerrarlo en la despensa.

Para acabar con el golem debían volver a pasar por el salón, y esta vez no fue tan fácil. Esta vez les atacaron el atizador y el libro del atril, pero rápidamente acabaron con ellos. Pasaron a la cocina que se encontraba en completa tranquilidad, aparte de una silla apoyada sobre la despensa y una luz anaranjada que desprendía el horno cerrado. Al acercarse percibieron que dentro del horno había algo caliente. El clérigo dice “Yo lo saco” golpeando con su maza el cristal del horno, el elemental de fuego que estaba dentro salió disparado hacia el pobre monje y le atacó sin piedad. Todos fueron a apoyar al monje en su batalla y aunque el bárbaro, en un intento de golpear, se tropezó y vio como su culo probaba el frío suelo, acabaron con el elemental con unos pocos golpes. Ahora solo faltaba el golem. El enano se acerco y retiró la silla. El golem salió con intención de acabar con todo lo que se le pusiese por delante. Pero este grupo está especializado en acabar con bichos grandes y lo volvieron a demostrar. Entre el enano y el bárbaro rodearon al golem, y el clérigo y el monje le atacaron con sus arcos, y antes de que el golem tuviera tiempo para reaccionar, ya habían acabado con él.

Aquí llega a su fin una “pequeña” parte de la historia de nuestros héroes. Hasta más ver.