El Robo del Ganado (Final) y La Casa de la Magia

El sol empezaba a acercarse al horizonte y el cansancio de la dura batalla con el ogro invadía los músculos de nuestro grupo de intrépidos aventureros, a saber, el semielfo clérigo, el mediano pícaro, el enano guerrero y el elfo monje. Así que buscaron un lugar donde pasar la noche. Tras una noche tranquila, decidieron continuar su camino en busca del molino y su peligroso habitante.
Al cruzar un recodo del bosque, vieron al fin lo que estaban buscando. El molino estaba viejo y descuidado, sin techo. Por la parte superior salía un humo que traía un delicioso olor a carne asada, lo que hizo rugir las tripas del clérigo y casi le hace olvidar el motivo de estar allí. Poner fin a la desaparición del ganado.
Deciden empezar con el plan de batalla. El enano intenta acercase a la puerta principal del molino sigilosamente, el clérigo y el monje enfrente de la puerta con los arcos preparados y el pícaro se sitúa en una de las esquinas del molino para dispararle por la espalda en cuanto salga. En teoría era un buen plan, pero... El enano se cayo cuando se disponía a abrir la puerta principal, de tal forma, que su rostro chocó contra la puerta provocando un fuerte ruido. Este ruido despertó al ogro que se encontraba dentro del molino. Decidido a acabar con quien le había despertado, el ogro montó en cólera dando una patada a la puerta del molino. La puerta golpeó al enano, que continuaba al otro lado. Al ver salir al ogro, el pícaro decidió esconderse, pero no se le ocurrió otra cosa mejor que taparse con una rama de un árbol cercano. Pero el ogro había oíd
o el gemido de dolor del responsable de su despertar, y ahora solo le interesaba acabar con él. “Ya acabaré después con ese mediano” pensó el ogro. El ogro cruzó la esquina y allí se encontró cara a cara con el enano, le golpeó. El enano no se acobardó y le asestó un hachazo. Todo esto dio tiempo al resto de miembros del grupo para que se acercarán a la pelea para ayudar al enano. El mediano rompió su arco mientras disparaba al ogro. El clérigo, tras un intento fallido, utilizó su poder divino para ordenar al ogro que se tirase al suelo. Lo que aprovecharon para abalanzarse sobre el ogro, y con un golpe certero del pícaro con su maza, acabar con él.
Tras comer la carne asada que tenía el ogro y coger el poco botín que disponía dentro del molino, visita al segundo piso con retrete incluido, nuestro grupo de aventureros deciden volver al pueblo para recibir la bien merecida paga. En este viaje de vuelta se encuentran con una cara conocida, la elfa barda. Pero no venía sola. Le acompañaban un elfo explorador de unas tierras lejanas y un semiorco bárbaro, igual de fuerte que feo. Tras las debidas presentaciones, se unieron a nuestro grupo de aventureros. En el camino de vuelta volvieron a pasar por el desfiladero, y esta vez todos pasaron sin ningún problema, incluido el clérigo. Y mientras continuaban andando, el mediano le pidió al clérigo que le arreglase el arco roto durante la batalla con el ogro. Éste, muy cordialmente, lo arregló dejándolo un poco chapucilla pero funcionaba igualmente.
La noche llegó y decidieron montar campamento. Tras un descanso para algunos, y un poco menos para los que tuvieron que hacer guardia, decidieron continuar con su viaje de vuelta.
Pero se vio interrumpido a media mañana por un orco que se cruzó en su camino. El orco decía que eran sus tierras y que si querían pasar tendrían que pagar. Decidieron pasar de él y continuar, pero el orco llamó a sus compinches que se colocaron para el combate. Dos a cada lado en alto, y dos más tras el orco que estaba delante de ellos. El precio que pedía el orco era de cien piezas de oro cada uno, desorbitado. Por un momento pasó la idea por la cabeza de atacar a los orcos, incluso ya se estaba preparando un plan, hasta que la elfa barda dio un paso al frente con intención de evitar la batalla. La elfa les convenció para que si les dejan pasar les diría un sitio donde conseguir comida. Esta idea a los orcos les gustó y aceptaron el trato. La elfa les dio las señas para llegar hasta el molino sin dificultad. Tras el incidente con los orcos el día pasó tranquilo hasta que llegó la noche.
Al amanecer, cuando el mediano estaba haciendo el turno de guardia, aparecieron unos ojos entre los matorrales de uno de los lados. Despertó al grupo entero y se dieron cuenta que al otro lado también había ojos observándolos. Se prepararon en caso de ataque. Y el ataque llegó en forma de flecha dirigida al monje que desvió con destreza. Se decidieron a atacar a sus enemigos, dos grupos de kobolds. Se dividieron en dos grupos para hacerles mejor frente. Durante el combate, más largo de lo esperado, el mediano rompió su arco y casi acaban con él. El semiorco, en un arranque de furia, se le escapó su hacha al ir a dar un golpe y la envió lejos. La barda, viendo las dificultades que pasaba la otra parte del grupo, decidió dejar de apoyar con su arco al enano y al monje y ayudar a sus otros compañeros. El explorador fue el primero en demostrar como acabar con ellos, al alcanzar a un enemigo con un flechazo certero. El monje no hacía más que lanzar puñetazos que impactaban a su enemigo. Tras acabar con la mayoría de los enemigos, tuvo lugar la pelea más rara que ha ocurrido hasta el momento. El enano se acercó a un kobold arquero. El kobold atacó al ena
no con su arco y falló pero milagrosamente, como si un archimago hubiera retrasado el tiempo, el kobold volvió a atacar impactando sobre el enano lo que le hizo enfurecer y asestarle un hachazo que acabó con el kobold (Nota: Tras confusión del master, atacó antes de lo que debía y falló. Y cuando le tocaba, dijo “ya he tirado y he fallado”. Pero Iker, el enano, que es un bocas dijo que no, que tirase otra vez, que total no le iba a dar. Tiró el master y sacó un ¡¡20!! Descojono general menos, por supuesto, Iker. Todos esperando la tirada de confirmación y...... ¡¡uyy!! Falló. Pero el daño no se lo quitaba nadie. Qué risas). Solo quedaba un kobold que poco duró. El enano acabó con cuatro, el semiorco con tres, el clérigo, el mediano y el explorador uno cada uno.
Tras esta pelea, el explorador y la elfa abandonaron el grupo para resolver quehaceres propios de la raza élfica. Los que quedaban siguieron con su camino tranquilamente hasta que apareció un puente. El mismo puente que dejo medio derruido el clérigo en el viaje de ida. El mediano pasó sin ningún problema lo mismo que el bárbaro y el enano, pero llegó el turno al clérigo y otra vez hizo de las suyas. Al pasar se tropezó, y cayó al agua, destrozando todavía un poco más el puente. El clérigo tenía una cuerda atada que sujetaba el enano, pero no conseguía subirle, así que el bárbaro se disponía a ayudarle. Pero cuando le iba a ayudar se tropezó empujando al enano, que tuvo que soltar la cuerda para no caer al río. El clérigo intentó nadar pero la corriente era fuerte y le llevaba río abajo. Entonces apareció el mediano que, rápidamente, cogió una cuerda y se la lanzó al clérigo. Éste la agarró para que el bárbaro, en un arranque de furia, le subió de un fuerte tirón. El tirón fue tan fuerte que le lanzó contra un árbol cercano, su quejido se pudo escuchar en buena parte del bosque.
Mientras, el monje seguía al otro lado del río viendo la escena. Se ató una cuerda que lanzó al enano y éste la sujetó en un árbol. Al pasar el monje se tropezó, debido al mal estado en que el clérigo había dejado el puente, y también se cayó al agua. Pero con un destreza espléndida, consiguió subir por la cuerda. Viendo la situación, el pícaro decidió irse, no sea que él acabase en el río la próxima vez.
Ante este último adiós, continuaron hasta el pueblo. Al llegar al pueblo se presentaron ante el alguacil, que les comunicó que se presentasen en la taberna “el cerdo verde”. Allí, había un banquete preparado en honor de nuestros héroes, pues la noticia de que habían encontrado el motivo de la desaparición del ganado y que acabaron con el culpable llegó al pueblo antes que
ellos. Mientras disfrutan del banquete, el enano oye algo sobre una casa de magos en la que ocurren cosas extrañas últimamente. Al monje le entró una mosca en el oído mientras intentaba oír algo más sobre el tema, así que viendo que de esa forma no podrían conseguir nada, el enano decidió acercarse a beber con ellos. Los hombres resultaron ser mejores bebedores de lo que se esperaba, y en un acto de generosidad o de borrachera, el enano les decidió invitar. Con el estómago lleno del banquete y la saca rebosante de dinero, el enano menos que la de los demás, decidieron partir a la casa de los magos.
Al llegar allí se encontraron con que la casa tenía la puerta abierta y parecía estar en una completa tranquilidad. Al clérigo le pareció muy extraño esa tranquilidad, así que usó su poder divino para detectar la magia en la habitación. Y, efectivamente, el atizador que estaba en el fuego, el libro sobre el atril y un cordón de una de las cortinas tenían vida. Ante el miedo por ser atacado por uno de estos “peligrosos” objetos, decidieron ir a la habitación de enfrente con el mayor de los cuidados.
Al entrar vieron un hombre medio desangrado atado en la cama y un diablillo que estaba destrozando los libros que se encontraban al fondo de la habitación. Se acercaban sigilosamente
sin que el diablo se enterase, hasta que el monje, en un acto de rebeldía dice él o de torpeza dicen los demás, golpeó una mesa tirando la vajilla que se encontraba encima de ella. El diablillo se giró, vio a los “invitados”, sonrió y desapareció. Para evitar que se escapase, el enano se colocó delante de la puerta y los demás se pusieron en posición para atacarle en cuanto apareciese. El diablillo apareció delante del monje atacándole con su aguijón, éste lo más que pudo hacer fue recibir el golpe y aguantar el veneno. Los demás ya sabían donde estaba el diablillo y se dirigieron para acabar con él. Poco tiempo le duró la sonrisa al bicho rojo, pues murió poco después gracias a un hachazo del bárbaro. El clérigo curó parte de las heridas del moribundo y éste les comunicó que un par de magos enemigos de su mujer, una maga muy poderosa, enviaron un golem para acabar con ellos y él había conseguido encerrarlo en la despensa.
Para acabar con el golem debían volver a pasar por el salón, y esta vez no fue tan fácil. Esta vez les atacaron el atizador y el libro del atril, pero rápidamente acabaron con ellos. Pas
aron a la cocina que se encontraba en completa tranquilidad, aparte de una silla apoyada sobre la despensa y una luz anaranjada que desprendía el horno cerrado. Al acercarse percibieron que dentro del horno había algo caliente. El clérigo dice “Yo lo saco” golpeando con su maza el cristal del horno, el elemental de fuego que estaba dentro salió disparado hacia el pobre monje y le atacó sin piedad. Todos fueron a apoyar al monje en su batalla y aunque el bárbaro, en un intento de golpear, se tropezó y vio como su culo probaba el frío suelo, acabaron con el elemental con unos pocos golpes. Ahora solo faltaba el golem. El enano se acerco y retiró la silla. El golem salió con intención de acabar con todo lo que se le pusiese por delante. Pero este grupo está especializado en acabar con bichos grandes y lo volvieron a demostrar. Entre el enano y el bárbaro rodearon al golem, y el clérigo y el monje le atacaron con sus arcos, y antes de que el golem tuviera tiempo para reaccionar, ya habían acabado con él.
Aquí llega a su fin una “pequeña” parte de la historia de nuestros héroes. Hasta más ver.

1 Comentarios:
Muy bien. La crítica desde Miravalles ve maravillada cómo un grupo de gente que no puede con 3 puñeteros Kobolds acaban con un golem en dos rondas.
Si es que hay que joderse.
Muy buena la entrada del Blog.
Saludos desde las islas seychelles (o desde mi casa, no estoy seguro)
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